La fuerza que mueve a México | En pocas palabras…

Por: Eduardo Barrios (25/Septiembre/2017)

Septiembre ha sido un mes difícil para el pueblo de México, particularmente para el centro y sur del país. Los huracanes, y los sismos del 7 y 19 de septiembre dejaron víctimas fatales, miles los damnificados y muchos heridos de Oaxaca, Chiapas, Tabasco, Morelos, Estado de México, Puebla y la Ciudad de México.

Los políticos mexicanos fueron evidenciados en su afán por tomar tajada por sobre la tragedia que vive el pueblo, en Oaxaca se vio a Samuel Gurrión del PRI entregando víveres etiquetados con su nombre cual si fuera plena precampaña, a los diputados del PRD que pasaban víveres de una camioneta a otra, cuando hubieran podido acercar las camionetas pero lo importante era la foto, estuvo el Senador Benjamín Robles Montoya levantando su propio censo. Y la maquinaria del PRI mandó a todos los secretarios de estado al Istmo, que al momento nadie sabe para qué, por cierto, se olvidaron de la Sierra Norte y Huajuapan.

A nivel nacional vimos el oportunismo político de Manuel Velasco en Chiapas y Graco Ramírez en Morelos robándose las despensas; el Secretario de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong evidenciado y repudiado por el pueblo cuando intentaba dar una conferencia de prensa en pleno derrumbe, cuando lo que se necesitaban eran manos para remover los escombros. Enrique Peña Nieto alejado del pueblo simuló burdamente trabajo para organizar la solidaridad.

El grado de indignación llegó a su límite cuando en redes sociales se exigió que de los dineros que se utilizan para pagarles a los expresidentes, senadores, diputados, altos funcionarios públicos y el financiamiento del proceso electoral fueran ocupados para la reconstrucción social; la repuesta de todos los partidos políticos en decadente sentido de la moral aceptaron “donar” o “renunciar” a esos dineros. ¡Se equivocan! El pueblo está pidiendo que el dinero de sus impuestos se utilice para la reconstrucción social y no para la manutención de los políticos parásitos que viven a costillas del pueblo.

La policía local, la policía federal y el ejército fueron evidenciados como elementos al servicio del poder; cuando el PRI ordenó terminar la búsqueda de personas de entre los escombros, los uniformados asumieron el control de las zonas de desastre. Gracias a las denuncias de la población es que retrocedieron y mantuvieron la búsqueda. Los medios de comunicación masivos en su afán por cobrar protagonismo mal informaron algunos hechos para generar morbo e interés como sucedió con el caso de “Frida Sofía”, víctima inexistente.

Por su parte, los dueños del poder se frotan las manos, pues de la tragedia saborean la reconstrucción y los recursos millonarios del Fondo de Desastres Naturales y de las donaciones de la gente solidaria, próximamente veremos a grupo Higa, Odebretch, Constructora Teya, etc.

México, el país inmerso en la crisis, la violencia delincuencial-gubernamental, el país donde la gasolina vale más que el pan que llevamos a la boca, el país de los peores políticos, el país tan lejos de dios pero tan cerca de Estados Unidos. Este nuestro país que ante la tragedia se conmueve, el país de abajo, el de los obreros, campesinos, amas de casa, comerciantes, futbolistas, maestros, intelectuales, tamaleros, rescatistas, soldados rasos, en especial a las mascotas entrenadas para estos casos, vaya, el alma que mueve a todo un país se sacudió el sueño y se levantó para sanar las heridas.

Los días más duros en las lluvias y los temblores, los que no dudaron en solidarizarse fueron los humildes, por toneladas vemos los apoyos que da el pueblo, las cadenas humanas que se formaron en la ciudad para rescatar a sobrevivientes de los sismos, la organización de los centros de acopio, la elaboración de la comida para los rescatistas, los que llegaron con su propia pala, los que hicieron el viaje desde distintas partes del país para apoyar no solo a la Ciudad de México, sino a Oaxaca, Morelos, Chiapas, Tabasco y Puebla.

Los mexicanos tomaron el control de la contingencia, demostraron en horas que son capaces de organizarse sin la necesidad de un gobierno entregado a los intereses de unos cuantos. Ese nuestro México lindo y querido que se organiza rápidamente ante la tragedia,  la fuerza que mueve a México es su gente, la de abajo. En pocas palabras…

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