La Granja | Ricardo Rojo

RICARDO ROJO
18/12/17

Vertiginosamente, el partido de Andrés Manuel López Obrador, Morena, se convierte en una granja, donde la fauna que ahí “convive”, no da cabida al debate y a las legítimas aspiraciones de la clase trabajadora para la transformación democrática popular de la nación. Sólo quieren el poder para seguir reproduciendo todos los males del capitalismo.

Abusando de su omnipotente autoridad, muy parecida a la que cuestiona de otros personajes de la vida política nacional y mundial, el dueño de Morena hace y deshace a su antojo los exiguos principios de su partido, hoy en día y mañana también.

En su círculo íntimo dirá que, para alcanzar el objetivo estratégico, se debe valer de todo, y es muy probable que exprese que los electores inconformes con “la mafia del poder”, están obligados a apoyarlo “porque no les queda de otra”, razón por la cual los desprecia, los ignora, les impone y les espeta “al demonio con sus elucubraciones”.

El tabasqueño ya se siente presidente de la república; en sus manos tiene encuestas -unas financiadas por él mismo y otras realizadas por empresas encuestadoras- que lo sitúan como triunfador en las elecciones, por lo que se crece. Viaja por el país recogiendo adhesiones de las más impresentables, desaseadas, cuestionadas, que le aseguren su ascenso, como si fuera la ascensión de Jesús narrada en la Biblia cristiana.

En Oaxaca por ejemplo, seguramente lo mismo que en todo el país, AMLO ha hecho del partido de su propiedad, un híbrido donde conviven intereses de magnates, vividores de la política, ex priístas, caciques regionales, artistas advenedizos, dirigentes y exdirigentes sindicales venales, pero también honrados líderes comunitarios que creen en el cambio. Algunos de estos convivientes son conocidos, otros no tanto, pero al paso de los días y los meses de la precampaña y campaña, serán exhibidos como parte de la consabida guerra mediática que perjudicará, lo quiera o no, al dueño de La Granja.

Hace unos días, Andrés Manuel pasó por Oaxaca, recorrió algunas ciudades y en su pesado peregrinar hubo de todo: desde arrumacos hasta golpes bajos, desde considerables concentraciones hasta deslucidos acarreos, desde promesas cumplidas hasta sorpresas que hicieron sufrir. El caminante, dicen quienes estuvieron cerca, se fue de Oaxaca no muy contento de ver que su movimiento ya vive una guerra de tribus muy parecida al extinto PRD. Ya es célebre, entre los que habitan La Granja oaxaqueña, el discurso que AMLO pronunció en Huatulco el 7 de diciembre: “¿Me van a dejar hablar?, sí o no… bueno, mucho ruido, sí, pero no vine aquí a gritar, o sea, por favor, por favor, aquí el propósito es buscar que logremos sacar a México y sacar a nuestro pueblo de la pobreza, no es la politiquería, no es ver quién se va a colar, quién va a ser candidato, eso no es lo más importante, ¿ustedes vinieron aquí para ver si agarran un cargo?, quien quiera un puesto, que se vaya al mercado, allí hay puestos bastantes.”. En otras palabras: yo no vine aquí a escucharlos, vine a que me escuchen; no vine a repartirles cargos y puestos, ya los repartí, y se aguantan. Y así anda: repartiendo huesos y cargos por toda la nación, hasta los de su próximo y bastante cuestionable gabinete presidencial.

La jugada maestra más reciente del granjero mayor, fue el acuerdo de alianza con el Partido Encuentro Social (PES), una alianza repudiada por muchos militantes y simpatizantes de Morena, entre las que destacan Elena Poniatowska y Jesusa Rodríguez; una alianza que poco tiene que ver con los principios que dice defender y que rápidamente se están moviendo de su posición de centro hacia una posición de derecha, violando AMLO los principios 8 y 10 de Morena. El fin justifica los medios.

Ese es el verdadero Andrés Manuel, un líder que no acepta críticas, solo lisonjas, un personaje que hace uso de lo más emblemático de la historia patria para sorprender a incautos, al tiempo de pitorrearse de la nobleza de la militancia y de la memoria de los héroes nacionales. Sin pensarlo mucho, asegura que su movimiento va a “impulsar la cuarta transformación de la historia de México” (Declaración de Principios número 4), después de la Independencia, la Reforma y la Revolución, olvidando de tajo que las revoluciones aludidas se hicieron con las armas en la mano, con el pueblo insurreccionado y con líderes honestos y consecuentes, no de caricatura.

Cabe la posibilidad del triunfo de López Obrador; el Estado burgués mexicano y sus aliados en el mundo están preocupados y se preparan con todo para evitarlo. La reciente aprobación de la Ley de Seguridad Interior es un mensaje cuyo destinatario no es un personaje que pasa por una metamorfosis centro-derechista, sino la reacción del pueblo de México, que parece estar dispuesto a luchar esta vez, con Obrador, sin Obrador o a pesar de Obrador.

Mientras, los pobladores de La Granja: perros, cerdos, chivos, burros, borregos, gallinas, vacas y otros animales conviven con lobos, zorros, mapaches, cuervos y hasta zopilotes, peleándose los restos de comida que el dueño les avienta y esperando, además, como lo narra La Biblia, puedan subirse al Arca de Noé.

ricardorojo7819@yahoo.com.mx

Articulo tomado del muro de Ricardo Rojo en Facebook  

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