Zheng He, pesadilla de Trump y AMLO

 

RICARDO ROJO
02/06/2019

Los arrebatos de Donald Trump, como las mesuradas y timoratas respuestas del presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, tienen su símil histórico en los albores del siglo XV, en la China imperial.

Por aquel tiempo, Zheng He, personaje avezado en las artes militares, la navegación marítima, el comercio y la diplomacia, ofrecía sus servicios al emperador de la dinastía Ming. Bajo sus servicios conquistaron nuevos mercados y nuevos súbditos, ofreciendo, además, protección, productos de porcelana, telas de seda y esmaltes, a cambio de piedras preciosas, marfil, especias, maderas tropicales y otros artículos de valor para los chinos.

En sus viajes por el lejano oriente, el océano índico y el África oriental, Zheng He llegó a dirigir hasta 250 barcos con 30 mil personas a bordo, las que desempeñaban durante todo el viaje distintas actividades, siempre bajo su vigilancia. La dinastía Ming financió las 7 expediciones de Zheng entre los años 1405 y 1433, apoyando su política de buen comercio, convencimiento de su acercamiento con China y nunca anexionando territorios de forma violenta. Política que siempre le dio buenos resultados. (https://es.wikipedia.org/wiki/Zheng_He).

Quizá no lo saben. Las bravuconadas del presidente Trump contra México están fundadas en aquella historia del siglo XV, y en las políticas militares y económicas contemporáneas que le quitan el sueño al licenciado Andrés Manuel, quien ya no encuentra más palabras diplomáticas y políticamente correctas que eviten la confrontación con el más grande déspota imperial de los últimos tiempos.

Trump esperaba que en México triunfara un personaje a quien darle órdenes, como acostumbra hacerlo la Casa Blanca. Con AMLO tiene –hasta hoy- que guardar las formas y disfrazar su enojo y sus verdaderos planes, con desplantes que de acuerdo con las reglas del mercado neoliberal mundial (porque en el mundo aún existe el neoliberalismo), ponen a temblar todas las economías del planeta.

Desde que llegó a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump lanza amenazas un día y otro también contra México. Los últimos dos presidentes (Peña Nieto y López Obrador) no han podido o no han querido enfrentar con dignidad y valentía las afrentas.

La campaña permanente del presidente gringo por la construcción de un nuevo muro que México debe pagar “de una forma u otra”, el retiro de inversiones millonarias de la industria automotriz, la negociación ventajosa del Tratado de Libre Comercio (hoy T-MEC), el acoso permanente contra el peso mexicano para devaluarlo, la deportación inhumana y masiva de migrantes indocumentados, el impuesto a los aranceles de los productos mexicanos en caso de que México no se convierta en caza migrantes, y el señalamiento de que los narcos gobiernan el país, son medidas agresivas que el gobierno norteamericano le aplica al gobierno mexicano sin que éste responda con contundencia y honorabilidad y, sobre todo, con la adopción de medidas que resuelvan de fondo todos los problemas que aquejan a la población empobrecida y coloquen al país en la ruta de la independencia total y definitiva.

El fantasma de Zheng He atormenta a los presidentes. El gringo siente que se le escapa el control del mundo con el proyecto chino de La Nueva Ruta de la Seda, y el mexicano tiene miedo de romper con su vecino imperial, hablarle fuerte y acercarse a los imperialistas chinos.

Ese es el fondo verdadero del actual conflicto México-EEUU. El problema de los migrantes es el pretexto -¿creado?- para arremeter y arrodillar al gobierno mexicano para asegurar sus inversiones y su política “Primero América”, sinónimo de “América para los americanos”.

La feroz pelea por el dominio de los mercados del planeta se disputa entre Estados Unidos y China. El territorio mexicano es un pastel delicioso que ninguno está dispuesto a perder. El gigante chino declaró abiertamente su plan para apoderarse comercialmente del orbe. Quiere celebrar el centenario de su revolución en 2049 con su declaratoria de “One Belt, One Road” (una franja, una ruta).

El imperialismo, sea chino o norteamericano, tiene claro que quien dicta las leyes económicas, domina el mundo. El gobierno imperialista chino ha diseñado La Nueva Ruta de la Seda, planteándose, en los próximos 30 años, el control hegemónico de la tierra con un ambicioso plan que enfrenta los planes de EEUU. La Ruta consiste “(…) en construir una enorme red de obras de infraestructura por todo el mundo para cubrir el 65% de la población mundial, generar un tercio del producto interno bruto (PIB) y mover la cuarta parte de los bienes que se producen en el planeta(…)” ( Adrián Foncillas, Proceso,11/junio/2017).

Mientras los chinos aseguran que quieren emular en pleno siglo XXI a Zheng He, “no como conquistadores con barcos de guerra y espadas, sino como un emisario amistoso con caravanas de camellos” (discurso del presidente chino Xi Jinping, 15 de mayo de 2017); los empresarios norteamericanos encabezados por Donald Trump no abandonan su discurso bélico y su ofensiva militarista, amenazando con invasiones y con sanciones económicas fascistas.

En medio de la pugna por el control del mundo, se encuentra México. Un objeto de conquista, sujeto a las leyes económico-militares neoliberales-imperialistas -el capitalismo en su fase superior-, que el gobierno mexicano con desparpajo decretó abolido de la historia del país. Eso no es posible sin una verdadera transformación.

El fantasma de Zheng He recorre la Casa Blanca y Palacio Nacional. En la Casa Blanca sí saben qué hacer cuando se trata de defender sus intereses, por eso aprietan no importándoles los costos; en Palacio Nacional se auto engañan tratando de reducir el problema a la lucha anticorrupción, y a lecciones de historia nacional que a esta hora no sirven para gran cosa. A ver hasta cuándo.

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